Todo comenzó en un tiempo lejano, subiendo el pico Aneto…

Todo comenzó hace mucho tiempo… bueno no es que sea mucho mucho pero ya ni me acuerdo.

Tampoco es que fuera un tipo al que le gustase la montaña, ni siquiera era amante de los paseos por la ruta del colesterol del pueblo. No aspiraba a subir algo más empinado que las escaleras de mi casa, todo un primer piso ¡casi nada! y tampoco es que estuviese en la edad del pavo, ya tenía un par de vástagos de los que cuidar y una primera juventud un poco… digamos, distraída, los Sex Pistols eran muy buenos y La Polla Records ¡sonaban de la leche!.

Pero un maldito día (luego lo daría por bueno) mi amigo Pablo va y me dice — ¿Te vienes a Benasque? vamos a subir al Aneto –. Sinceramente, sabía que el Aneto era el pico más alto de Pirineos pero no tenía yo mucha conciencia de lo que es la media/alta montaña ni de lejos (soy de La Manchuela). No lo debí de pensar muy bien cuando de primeras le dije — ¡Ostia pues claro! — Para chulo yo. ¡Ya la hemos liado!.

Nos pusimos a planear el viaje, más bien se puso el resto del equipo, entre Pablo, Tim y Carles porque yo… ni idea tío. Me agencié una mochila y un poco de ropa del «Deca» y unas botas que me había comprado en un viaje a Escocia porque se me rompieron las que llevaba.

A principios del mes de Septiembre nos presentamos en Benasque y comenzó mi primera experiencia montañera. La primera de mi vida, nada más y nada menos que para ascender al pico Aneto.

No llegué a hacer cumbre, me quedé en el glaciar porque iba rezagado y mis compañeros siguieron delante. Cuando acopié fuerzas para seguir, un montañero que pasaba por allí me dijo — ¿Es tu primera ascensión? Pues no subas solo — Yo siempre he hecho caso a los que saben más que yo, por lo que me quedé a esperar al resto para la vuelta.

Ahí comencé a tomar conciencia de dónde me había metido, que hay que intentar aprender de los que saben y conocen la montaña y de que los bocadillos de longanizas, tortilla y mogollón de cosas no hay manera de meterlos en el cuerpo cuando estás exhausto ¡Y yo que me reía de los que veía con el chocolate, las barritas y la fruta!.

Ascendiendo hacia el pico Aneto por la Renclusa.

Bajamos todos juntos, a Carles le hicieron daño las botas nuevas, unas Bestard que son muy buenas decía, yo no sabía nada de ellas, solo conocía Quechua y gracias. Recuerdo pensar que qué coño hacía yo allí sufriendo como un cerdo que si algo es el dolor, era eso que estaba sintiendo. Carles me dijo que se tenía que quitar las botas del dolor y yo le decía que como se le ocurriese quitárselas le daba una hostia. Más pensando en mi que en él ya que no me veía con fuerzas para ayudarle a bajar.

Pocas veces en mi vida lo he pasado peor físicamente. 12 horas tras las que no pude apenas dormir del dolor en las rodillas.

A mis compañeros les dije que yo no quería subir más montañas en mi vida, que eran unos cabrones y que como me volvieran a invitar a algo así irían sus pu… madres.

Hace ya mucho tiempo de esa subida al pico Aneto y todavía sigo subiendo montañas, aprendiendo de los que saben más que yo.

El grupo ha cambiado y crecido. Después vinieron Juanvi y Manolo, amigos de toda la vida, del pueblo, de La Balsa. De esos a los que dejarías tu vida en sus manos porque sabes que harán todo lo necesario para que salgas de un apuro, y eso en la montaña es casi todo amigos, os lo aseguro.

Tras ellos vino el Maestro, así con mayúsculas, Jose. Bombero de profesión ¡Ostia y del grupo de rescate! Se ofreció a enseñarnos técnica, rescate y mucho más. Con él comenzamos a tener otras metas, otros montes. Comenzamos a tener más confianza en nosotros mismos y a amar todavía más las montañas.

Alex, otro en el grupo. Se apuntó a la ascensión al refugio Margarita en el Monte Rosa – Alpes italianos. Y el artífice de que ahora sepa como enfrentarme a mis fantasmas y miedos.

Y al final con la llegada del benjamín del grupo, Hector, tenemos la alegría, el chiste, tenemos al genio de la ocurrencia que hace las rutas mucho más llevaderas

Ah, por cierto, yo soy Manolo, el otro Manolo porque somos dos 🙂

Todo esto ha pasado en este tiempo y ahora comenzamos a andar con esta web donde compartiremos nuestras peripecias por los montes esperando transmitir, aunque sea un poco, la emoción de sentirnos libres en un entorno a veces muy cruel, siempre hermoso y que nunca engaña a nadie. La montaña.

Un comentario en “Todo comenzó en un tiempo lejano, subiendo el pico Aneto…

  1. Pingback: Posets. "Tú sígueme, a paso de buey" – El blog del Club Alpino Ibañés

Deja un comentario